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MI
Nelson Pinal Borges
.
José Raúl Capablanca fue un genio del Ajedrez y como
tal, poseedor de una capacidad intelectual extraordinaria que le facultó
crear maravillosas situaciones en el mundo de las 64 casillas; Sin
embargo, es indudable que su personalidad ajedrecística estuvo influenciada
por Maestros que le antecedieron.
Se puede afirmar sin temor a equivocarnos, que uno de los jugadores
que más influyó en la formación de la personalidad
ajedrecística del gran campeón cubano fue el extraordinario
jugador norteamericano Pablo Morphy.
Nadie como Capablanca supo apreciar el fino estilo de Morphy, su
sencillez y su alto concepto del juego posicional. En un artículo
publicado por el genio cubano en el año 1926, se refería
al juego del norteamericano de la siguiente forma:
Morphy fue un gran
estilista. En la apertura pugnó por desarrollar todas las piezas
rápidamente; desarrollarlas y ponerlas velozmente en acción
era su idea. En este sentido, desde el punto de vista del estilo era completamente
correcto. En su tiempo, la cuestión "posición" no era propiamente
comprendida, excepto por él mismo. Esto le aportó como consecuencia
enormes ventajas, por lo cual no merece sino elogios.
Pudiera decirse
de Morphy que fue el precursor del desarrollo en la fase del juego que
es la apertura. Hizo un estudio especial de éstas, con tanto éxito,
que en muchas de sus partidas, después de seis jugadas sus adversarios
estaban en posición inferior. También ésto es digno
de elogio, ya que en aquellos tiempos se disponía de escasos elementos
para guiarse.
Los jugadores de la época
de Morphy pensaban que los ataques violentos contra el Rey y otras combinaciones
de ese género, eran las únicas cosas de considerar. Puede
afirmarse que sus contemporáneos empezaban la partida haciendo combinaciones
desde la primera jugada, sin prestar suficiente atención al desarrollo,
cosa en la cual Morphy era sumamente cuidadoso.
Su estilo era sencillo y
directo, sin rebuscamientos y aunque no buscaba complicaciones tampoco
las eludía, lo que constituye la verdadera manera de jugar. Era
además buen finalista y demostró ser hábil en la defensa
de posiciones difíciles.
Su poder de combinación
bastaba completamente para las cosas que emprendía, pero eso no
fue, como piensan la mayor parte de los jugadores de hoy en día,
el más grande activo de su repertorio. Este activo lo constituía
su estilo, que hasta allá donde pudo ser juzgado, era perfecto.
Muy a menudo se
oye decir que Morphy ha sido el jugador más fuerte que ha existido
en el mundo. A mi juicio esas aseveraciones son absurdas, pues no sólo
carecen de fundamento, sino que son desde todo punto de vista imposible
probarlas.
Sólo se podrían
hacer comparaciones basadas en el resultado de sus matches y de acuerdo
con la calidad de sus adversa.parios. Si hicierámos esas comparaciones,
el resultado sería desastroso para las aseveraciones de los admiradores
del Gran Maestro norteamericano.
De ningún
modo debe pensarse que deseamos rebajar en lo más mínimo
la labor del ilustre jugador americano. En este artículo sólo
tenemos que ver con hechos y opiniones bien fundamentadas, no con fantasías
de la imaginación ni con errores generalmente producidos por la
ignorancia o la liviandad.
Morphy no sólo
fue ampliamente el jugador más fuerte de su época, sino que
además fue un creador en el Ajedrez y el prototipo de lo que podría
llamarse el estilo perfecto.
En cuanto al resultado de
las contiendas, hay varias cosas que considerar. Hay una sobre todo, escasamente
conocida; me refiero al hecho de que el Gran Maestro norteamericano nunca
jugaba las partidas sueltas por divertirse, sino que cada vez que jugaba,
ponía en la partida todo lo que sabía, es decir, que para
él, cualquier partida que jugaba asumía en seguida, por así
decirlo, las proporciones de una partida de match.
A Morphy sólo
debe jusgársele por sus grandes matches, especialmente contra Andersen
y Harwitz. Una simple relectura de las partidas de esos dos matches demostrará
que apenas hubo en ellos alguna que otra combinación de las llamadas
brillantes.
En contra de la creencia
general, producto de la ignorancia, la fuerza principal de Morphy no estaba
en su poder de combinación, sino en su juego de posición
y en su estilo general. La verdad es que sólo se pueden hacer combinaciones
cuando la posición lo permite.
La mayor parte de
las partidas de los matches jugados contra Andersen y Harwitz, las ganó
Morphy de una manera directa y sencilla y es en ese proceder sencillo y
lógico que radica la verdadera belleza de su juego, contemplado
desde el punto de vista de los Grandes Maestros.
En cuanto a la afirmación
a menudo repetida por gran número de sus admiradores, quienes
creen que Morphy les ganaría a todos los jugadores de hoy, no tiene,
como ya hemos dicho, fundamento de peso. Por el contrario, si Morphy resucitara
y jugase inmediatamente con sólo los conocimientos de su época,
sería con toda seguridad vencido por muchos de los maestros actuales.
Sin embargo es lógico suponer que pronto estaría a la altura
necesaria para competir con los mejores, pero hasta donde tendría
éxito no hay manera alguna de averiguarlo.
Como se aprecia en este artículo, escrito por Capablanca cuando
era Campeón del Mundo, queda claramente comprobado la simpatía
que sentía el cubano por el estilo y la personalidad ajedrecística
de Morphy, al cual consideraba como prototipo del jugador ideal.
Señala muy claramente las características del juego
de Morphy, sobre todo su excelente capacidad para jugar las aperturas,
teniendo en cuenta que comprendía mejor que nadie en esa época
la importancia del desarrollo rápido de las piezas en esta fase
del juego.
Por otra parte, Capablanca deja perfectamente aclarado, y
en ésto coincide con el criterio expresado por Steinitz, que la
principal virtud del juego de Morphy era su fino concepto del juego posicional
y no su poder combinativo como estimaban sus seguidores.
Llama la atención además, la referencia que hace Capablanca
en cuanto a considerar a Morphy como el mejor jugador de todos los tiempos;
no lo considera así, aún en contra de muchos entendidos que
estiman a Morphy como el ajedrecista más fuerte que ha existido.
Capablanca expone su criterio en relación con esto y deja bien sentado
su opinión personal al respecto: aunque era un fiel admirador del
estilo de juego del norteamericano, no compartía la opinión
de la mayoría al no ser un ciego fanático de Morphy como
bien pudiera estimarse.
Esta opinión personal de Capablanca en contra de considerar
a Morphy como el mejor jugador de todos los tiempos, refuerza sobremanera
la validez que hace acerca de su estilo ajedrecístico al que incluso
llega a llamarlo como el estilo perfecto.
Al trasladar este criterio de Capablanca a la práctica y
enjuiciarlo a partir de sus propias partidas, vemos que el estilo de juego
del cubano posee muchas de las características del juego de Morphy
enunciadas en el artículo en cuestión.
La naturalidad para desarrollar las piezas en la apertura y conducir
con sencillez las partidas, su alto concepto del juego posicional, su fina
habilidad para defenderse, su capacidad para atacar en el momento preciso,
así como su facilidad para jugar los finales, son un fiel reflejo
de la influencia de Pablo Morphy en el estilo del extraordinario ajedrecista
cubano.
Muchas de las partidas de Capablanca se desarrollan bajo el signo
característico del estilo de Morphy, es decir, desarrollo rápido
de las piezas en la apertura con un objetivo muy definido, ejecución
sencilla del plan estratégico escogido para la batalla del medio
juego y excelente conducción del final de partida.
Es grande la afinidad del estilo de estos dos magníficos
jugadores, que aunque se desarrollaron en momentos diferentes poseen una
personalidad ajedrecística similar y con características
parecidas.
Ambos ajedrecistas legaron al mundo del Ajedrez un estilo
que constituye un patrón para los amantes del juego sencillo,
donde el desarrollo de las piezas y el factor "posición" son elementos
fundamentales en la partida, aunque como manifestaba Capablanca, sin renunciar
a las posibilidades de ataque en el momento que la lucha lo requería.
En las partidas que a continuación se muestran podremos ver
claramente la similtud del juego de ambos, sobre todo en lo referido al
rápido desarrollo de las piezas, la selección del un plan
estratégico correcto basado en las debilidades del Rey enemigo y
la ejecución perfecta de dicho plan mediante un enérgico
ataque.
Partida Nº 1
Blancas: Paul Morphy
Negras: Duque de Brunswick y Con de Isouard (en
consulta)
Defensa Philidor
1.e4 e5 2.Cf3 d6 3.d4 Ag4 4.de Af3 5.Df3 de 6.Ac4 Cf6 7.Db3 De7
8.Cc3 c6 9.Ag5 b5 10.Cb5! cb 11.Ab5 Cbd7 12.OOO Td8 13.Td7! Td7 14.Td1
De6 15.Ad7 Cd7 16.Db8!! Cb8 17.Td8 mate.
Como curiosidad podemos añadir que la anterior partida se
jugó en 1858 en el palco del Duque en la Opera de París,
durante la representación de "El Barbero de Sevilla" y que
Morphy produjo una obra artística verdaderamente al nivel de la
gran Opera.
Partida Nº 2
Simultáneas ofrecidas por Capablanca en Sao Pablo, Brasil,
el día 16 de agosto de 1927.
Blancas: J. R. Capablanca
Negras: Dr. S. Campos
Defensa Irregular
1.e4 b6 2.d4 Ab7 3.Ad3 e6 4.Cf3 c5 5.OO cd 6.Cd4 Ce7 7.Cc3 Cg6 8.Ae3
Ac5 9.Dh5 OO 10.Tdd1 Ad4 11.Ad4 Cc6 12.Ae3 e5 13.Ac4 Rh8 14.Td6 De7 15.T1d1
Tad8 16.Ag5 f6 17.Dg6! hg 18.T6d3 Tf7 19.Cd5 Dc5 20.Th3 Rg8 21.Cf6 Rf8
22.Th8 Re7 23.Te8! Te8 24.Td7 mate. |
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