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MI
Nelson Pinal Borges
.
Es imposible comprender
el Ajedrez sin mirarlo con los ojos de Capablanca. M.
Botvinnik.
El Boletín Americano de Ajedrez, en su edición de
febrero de 1909, insertaba un notable anuncio: Se solicita un joven
que reúna el genio de Morphy, la memoria de Pillsbury y la determinación
de Steinitz. Unos meses más tarde, un estudiante cubano de la
Universidad de Columbia, con sólo 20 años de edad, cubrió
esa solicitud. Su nombre: José Raúl Capablanca
Graupera.
Capablanca nació el 19 de Noviembre de 1888 en La Habana;
hijo de un oficial del Ejército español llamado José
María Capablanca Fernández y de la señora María
Graupera y desde niño se hizo famoso por la rapidez y facilidad
con que aprendió a jugar Ajedrez -alrededor de los 4 años
de edad- simplemente observando pocas veces las partidas que su padre jugaba
con amistades que frecuentaban la casa.
Al terminar los estudios primarios en 1900, comienza a asistir al
Club de Ajedrez de La Habana donde se enfrenta a los más destacados
jugadores del país. En ese año se hace Campeón de
Cuba al derrotar en un match al destacado Maestro Juan Corzo. Tenía
sólo 12 años.
En 1904 se traslada a los Estados Unidos para cursar una Carrera
universitaria, ocasión que aprovecha el joven Capablanca para visitar
periódicamente el famoso Club de Ajedrez de Manhattan en Nueva York,
donde da muestra de su genialidad al vencer a fuertes jugadores. Posteriormente,
y con el estímulo de esa actuación, comienza a dedicarse
seriamente al estudio del Juego Ciencia. Juega numerosas partidas en una
extensa gira que realiza por los Estados Unidos y en la que causa gran
sensación por sus victorias frente a los campeones de varios Estados.
En total jugó alrededor de 700 partidas de las cuales sólo
perdió una docena. Los éxitos alcanzados hasta ese momento
le facilitan concertar un match con el Campeón norteamericano Frank
J. Marshall, a quien venció 8 x 1 y con 14 empates. Esta contundente
victoria, a la vez que le daba renombre internacional, le abría
el camino hacia planos superiores.
En 1911 recibe la invitación para jugar en el fuerte Torneo
de San Sebastián, España, donde se impone a jugadores de
la talla de A.Rubinstein, A. Ninzowisch, R. Spielmann, F.J. Marshall, D.
Janosvki, S.Tarrasch, etc. Desde ese entonces, Capablanca se convierte
en el niño mimado del Ajedrez universal, siendo inmensa la admiración
que causaba en cada país que visitaba; ya era el favorito del público.
Después de San Sebastián, Capablanca brindó
sesiones de simultáneas en varias ciudades de Europa y realizó
su primera visita a Moscú. Posteriormente, estando en Viena, Austria,
lanzó un reto a Lasker, que éste rechazó imponiendo
condiciones inaceptables para la celebración de un match por el
título mundial.
En 1912 regresa a Cuba y tras una breve estancia parte para Argentina
y Uruguay donde brinda varias series de simultáneas y otras exhibiciones.
Un año más tarde triunfó en el Torneo Internacional
de Nueva York.
Interviene en el Torneo de San Petersburgo en 1914 y finaliza a
medio punto del vencedor, el Campeón del Mundo E. Lasker, con lo
que demostró que era un seguro retador a la corona.
Antes de marcharse de Europa, Capablanca sostuvo un match de partidas
rápidas con Lasker, al cual derrotó y que dejó tan
maravillado al maestro alemán que éste le dijo: es
notable, usted no comete errores.
Durante algunos años las lides ajedrecísticas se ven
interrumpidas por la Primera Guerra Mundial, las que se reanudaron en 1919
con el Torneo de Hastings. Capablanca triunfó holgadamente, lo que
reafirmó su condición de candidato lógico para un
match por el campeonato mundial.
Después de múltiples gestiones realizadas por el Club
de Ajedrez de La Habana, se establecieron las condiciones para comenzar
el match con Lasker en marzo de 1921. El resultado del encuentro fue favorable
al cubano 4 x 0 y 10 tablas, lo que le permitió ser proclamado Campeón
Mundial. (Este récord como retador sólo ha sido parcialmente
igualado recientemente por V. Kramnik al derrotar a G. Kasparov 2 x 0 y
13 tablas).
Por primera vez después de la obtención de la corona
mundial, Capablanca participa en el Torneo de Westmeinster, en Londres
1922. Su presencia allí lo convirtió en la figura preciada
por todos. Se enfrentó con lo mejor del Ajedrez mundial: A. Alekhine,
G. Maroczy, M. Vidmar, R. Reti y M. Euwe, entre otros. Capablanca, haciendo
honor a su título, gana el primer lugar invicto dando una prueba
más de la superioridad que ejercía sobre el resto de los
ajedrecistas, hasta el punto de ser considerado como invencible.
Luego de su victoria en el Torneo, Capablanca le propuso al mundo
del Ajedrez un interesante proyecto de reglas encaminadas a regir los futuros
Campeonatos del mundo.
En 1924 interviene en el Torneo de Nueva York, donde se opone tablero
por medio a Lasker, Alekhine, Reti, Bojoljubow, etc. Su inclusión
en este torneo fue a última hora, pues Capablanca padecía
de un serio acceso de gripe que lo mantuvo afectado durante las primeras
rondas. Sin embargo, terminó el Torneo con 12,5 puntos en las últimas
15 partidas y finalizó en segundo lugar. Perdió su partida
con Reti después de varios años de mantenerse invicto; la
máquina
de jugar ajedrez, como se le conocía entonces, comenzó
a ser considerada vulnerable.
En 1925 participa en el primer Torneo Internacional de Moscú,
quedando en tercer lugar entre 21 jugadores, superado por Bojoljubow y
Lasker. Los amantes de Ajedrez se preguntaban si era posible que el Campeón
Mundial, todavía joven, estuviera en decadencia.
ajedrecista amigo de la Unión Soviética.
A comienzos de 1927 Capablanca ganó un fuerte torneo en Nueva
York en el cual figuraban Ninzowisch, Spielmann, Alekhine, Vidmar y Marshall,
entre otros; en 20 partidas ¡resultó invicto! Con 14
puntos y aventajó en 2,5 puntos a Alekhine, ocupante del segundo
lugar. Esta actuación contribuyó a que el cubano en un exceso
de confianza, bajara la guardia y cayera derrotado por Alekhine en el match
por el Campeonato del Mundo celebrado en Buenos Aires ese mismo año.
Su supremacía era tal que no le prestó la debida importancia
al match.
Para ese encuentro Alekhine se había preparado concienzudamente
y llegó al mismo en inmejorable forma, especialmente en la teoría
de las Aperturas. Capablanca, sin embargo, venía confiado además,
por una exitosa gira por el Brasil. Sin una preparación adecuada,
sobrevalorando sus fuerzas, cometió el error de subestimar a su
peligroso rival. Después de celebradas algunas partidas, se hizo
evidente que el cubano no se encontraba en su mejor forma deportiva y que
por lo tanto, Alekhine tenía reales posibilidades de ganar el match.
Capablanca, por su parte dejó escapar fáciles victorias en
algunas partidas y perdió totalmente la fe en si mismo, lo que incidió
en la victoria final de Alekhine con resultado de 6 x 3 y 18 tablas.
Aunque inmediatamente después de su derrota Capablanca manifestó
su deseo de tener una revancha, Alekhine rehusó el encuentro y jamás
dió muestras de querer un nuevo enfrentamiento con el cubano.
Como ex-campeón, Capablanca siguió brillando, añadiendo
nuevos lauros a su extraordinaria carrera. Obtuvo el primer lugar en Berlín-1928,
Budapest-1928 y 1929, Ramsgate-1929.pa
Barcelona-1929, Hastings-1929-30 y Nueva York-1931. Ganó
también el Torneo Internacional de Moscú de 1936, delante
de Botvinnik, Flor, Lasker, Lowenfisch y otros.
Asimismo, venció en Nottingham-1936 delante del entonces
Campeón del mundo M. Euwe, Alekhine, Lasker, Fine, Reshewsky, Flohr,
Bogoljuvow, Vidmar y Tartakower, entre otros. Fue en este torneo donde
Capablanca y Alekhine se enfrentaron por primera vez desde el match de
Buenos Aires, aprovechando el cubano para derrotarlo en una trascendental
partida.
El torneo de Nottingham fue otro triunfo de Capablanca, que entonces
era considerado por los especialistas como el candidato de mayores posibilidades
para vencer al Campeón Mundial. Pero no se le concedió esa
oportunidad, tuvo que seguir esperando y los años fueron pasando.
En 1939 en ocasión de celebrarse en Buenos Aires la Olimpiada
Mundial de Ajedrez, Capablanca con 51 años de edad, ocupó
el primer tablero de la representación cubana. Una gran actuación
fue el hermoso epílogo de su carrera ajedrecística; invicto,
con 7 victorias y 9 tablas, consiguió el premio del mejor primer
tablero, aventajando a Alekhine, Petrov, Eliskases, Keres, Tartakower y
Mikenas, entre otros.
Quizás fue la mayor ovación de su vida la que recibió
Capablanca en el acto de clausura de la Olimpiada; de pié en el
escenario y de cara al público saludaba sonriente. Los prolongados
aplausos de los ajedrecistas -aunque Alekhine furioso, salió del
salón- constituían el mejor reconocimiento de su genio y
su maestría ajedrecística.
El 7 de marzo de 1942 alrededor de las 9 de la noche, encontrándose
en el Club de Ajedrez de Manhattan en Nueva York y presenciando una partida
entre aficionados, Capablanca, de muy buen humor comentaba las jugadas
que se realizaban en el tablero. De repente, sorprendiendo a los que le
rodeaban, se puso de pié exclamando: me siento enfermo, mis
dolores de cabeza ¡ayúdenme a quitar el abrigo!....
Sus ojos se tornaron vidriosos y se desplomó sin conocimiento en
brazos de los presentes. Trasladado momentos después al Hospital
Mount Sinaí, llegó al mismo en estado de coma, falleciendo
al amanecer del día 8. La causa directa de su muerte fue una hemorragia
cerebral.
No hubo periódico en el mundo que no publicara un comentario
sobre su muerte. Han pasado muchos años, pero su leyenda y realidad
se mantienen vivas.
Su obra no se ciñó a sus enfrentamientos en el tablero;
considerado un práctico más que un teórico, dejó
sin embargo valiosos manuales escritos para la enseñanza y la práctica
del Ajedrez, introduciendo en ellos criterios y concepciones que se mantienen
vigentes. En Fundamentos de Ajedrez , Ultimas Lecciones y A Primer of Chess,
Capablanca muestra gran capacidad didáctica para la enseñanza
del Ajedrez. Fue además el primero en manifestar que el Ajedrez
se debía incorporar en los Colegios y Escuelas como una materia
más dentro del programa de los estudiantes.
Yo se a simple vista cómo ha de tratarse una posición;
lo que le puede ocurrir, lo que va a suceder; otros hacen ensayos,
pero yo, yo se. Estas palabras de Capablanca definen claramente
lo sencillo que le resultaba adentrarse en el complejo mundo de la técnica
ajedrecística. Su talento, enmarcado por una intuición
extraordinaria que le permitía orientarse con facilidad en cualquier
posición, era lo que le distinguía de los demás maestros.
A él le bastaba la más mínima ventaja para ser realizable
al final.
En 25 años de competir en Torneos y Matches contra los jugadores
más fuertes de la época, apenas sufrió 25 derrotas
y estuvo invicto entre 1916 y 1924. Ninguno de los mejores jugadores contemporáneos
le aventajó en su score personal. El mejor juicio sobre este ajedrecista
de tan fabulosa historia, lo emitió precisamente su gran rival A.
Alekhine, quien al conocer su muerte dijo: nunca antes hubo ni volverá
a existir un genio igual.
En la famosa obra Los Maestros del Tablero, Ricardo Reti se refiere
a Capablanca de la siguiente forma: lo que inmediatamente resalta
de un estudio del método de jugar del cubano es su gran seguridad,
su casi completa ausencia de errores y de falsas interpretaciones de la
posición. Esto es sin duda, una consecuencia del hecho de que aprendió
a jugar al Ajedrez siendo un niño de cuatro años. En cierto
sentido, el Ajedrez es su lengua materna.
Capablanca fue un talento excepcional que dió a Cuba laureles
imperecederos e históricos y que supo imponerse además, a
la apatía y la represalia gubernamental de su época. El gobierno
de turno, así como las clases dominantes fueron incapaces de ofrecer
la ayuda monetaria necesaria para poder reunir los fondos para la celebración
de la revancha por el Campeonato mundial con Alekhine.
De un fino y agradable carácter y una elegante apariencia,
Capablanca sobresalía en la multitud. Se codeaba con distinguidas
personalidades de todos los lugares que visitaba: Moscú, París,
Viena, Berlín, España, Argentina y demás países
latinoamericanos. Dio simultáneas en la Cámara de los Comunes
en Inglaterra; fue huésped distinguido de la Universidad de Columbia
en Nueva York. Era además, un especialista en cuestiones bancarias,
excelente jugador de Tennis, experto en Artes, Maestro de bridge y conocedor
de música. Donde quiera que estuvo, fue un admirable Embajador de
buena voluntad para el Juego Ciencia. Es famosa su frase: el Ajedrez
es algo más que un Juego; es una diversión intelectual
que tiene algo de Arte y mucho de Ciencia; es además un medio
de acercamiento social e intelectual.
A los 112 años de su natalicio, la obra de Capablanca se
ve reflejada en muchos países donde Clubes, Academias, etc. llevan
su nombre y realizan tradicionales actividades para recordarlo como un
gran Campeón. En Cuba, su huella está enmarcada en los éxitos
de los ajedrecistas criollos desde Eleazar Jiménez y Eldis Cobo
hasta Lázaro Bruzón y Lenier Domínguez, así
como en la celebración anual de uno de los eventos de mayor longevidad
y tradición del mundo: el Torneo Internacional Capablanca in memoriam. |
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